"No todo lo que brilla es oro: reflexiones sobre publicar en una editorial en Chile" por Soledad Cortés

Publicado por Tríada Ediciones en

Pareciera ser que hay un Triángulo de las Bermudas en el mundo literario que se ha pasado por alto y no se toca para no generar rencillas. Hoy me alejo un poco de lo que mis colegas han escrito en las entradas anteriores de este blog y hablaré del mundo editorial, pero no de ese grande, con eventos en hoteles, tiradas de más de mil ejemplares y reseñas pagadas en el diario que miente. No, me centraré en las editoriales independientes y su trabajo en el ámbito indie de la literatura en Chile con el propósito, por un lado, de dar a conocer, en parte, cómo funciona el mundo editorial y preparar a quienes deseen publicar, y por otro, reflexionar críticamente acerca del rol del editor. Para ilustrarlo de mejor forma me gustaría contarles parte de esta «ruta editorial» que emprendí hace unos años y que me ha traído acá para compartirles mis apreciaciones y reflexiones.

Cuando entré en el mundo de la literatura en Chile (hace 4 años aproximadamente), me dejé llevar por el sueño de ver plasmado en un libro esas historias que llevaba por décadas escribiendo, con toda la ilusión que conlleva y, la verdad, me llevé una gran sorpresa. Mi primer acercamiento fue consultar a una editorial (la llamaremos X para que no se nos ofendan) y recibí rápidamente un correo de vuelta con sus requisitos para poder publicar. No les niego que me llené de ilusiones. Imagínense sentir que una editorial está interesada en lo que escribiste. Ver la portada de mi libro en una librería me entusiasmaba. ¿El problema? Publicar con ellos tenía un costo de alrededor de dos millones de pesos e incluía una tirada de doscientas copias, con veinte copias de «regalo» para mí, un lanzamiento en un local designado por la editorial y un «vino de honor».

De inmediato sonaron las alarmas en mi cabeza, detuve un poco la máquina de la ilusión y me quedé pensativa. Algo no estaba bien. En mis vagos conocimientos, tenía entendido que para publicar era necesario que un editor se interesara en tu novela y se la jugara por esta sin que tú desembolsaras un veinte de tu bolsillo. ¿Qué hice? Investigar más. Algo había cambiado y necesitaba saber qué otros modelos habían aparecido. 

Fue entonces donde conocí a grandes autoras que habían publicado en editoriales independientes y me recomendaron hablar directamente con sus editoras. Me acerqué a algunas y me confirmaron lo que yo creía: publicar es un acto en donde el escritor no debería desembolsar dinero. Sin embargo, para algunas editoriales, esto no funciona así o no se cumple a rajatabla porque «el sistema en Chile no da». Me devolví con la siguiente misión: averiguar cómo son estos nuevos modelos, el impacto de sus publicaciones en Chile y qué tan «rentable» era. Resultado: desastre.

Es cierto, el mercado actual no siempre permite tener ganancias significativas que sustenten por sí mismas a una editorial independiente. Esto se debe a que el movimiento de las publicaciones y, también la gran cantidad de títulos que salen en el año, entran en una suerte de competencia en donde algunos editores creen que mientras más contactos, marketing y capital tengas, más ventas aseguradas tendrás para poder sobrevivir, lo cual sinceramente dista de la realidad. A lo anterior se suma la inmediatez propia de estos tiempos y la necesidad, gracias a las redes sociales, de posicionarse en el medio. Patricia Espinosa en su último ensayo señala:

La narrativa nacional de posdictadura se ciñe a una base esencialista-capitalista, donde la figura del autor/a se encuentra en permanente proceso de legitimación no por su producción literaria, sino por el lugar que ocupa en el campo cultural. Los medios de prensa, las redes sociales, los eventos literarios, incluso la residencia fuera del país, tal como la élite chilena de principios de siglo, conforman estados de situación donde la biografía y la opinión contingente reemplazan la producción de obra. 

El texto nos invita a reflexionar acerca de la imagen del «escritor/a», que se transforma en una suerte de personaje que debe tener ciertos requisitos indispensables para poder «triunfar». 

Últimamente se ha visto el nacimiento de este tipo de escritores, que mueven una masa (ni tan) considerable, pero que posee un «brillo» que podría encandilar a uno que otro lector. Por ello, surge la necesidad de algunas editoriales de reclutar en sus filas a escritores que puedan «mover» las obras, ocupando sus redes sociales o sus contactos. Por lo tanto, mientras haya ventas aseguradas, la calidad de la obra puede dejar mucho que desear a nivel literario.

Frente a esto, ¿es malo ocupar este tipo de estrategias para sobrevivir? La verdad es que todos los extremos son malos, pero por otro lado, depende del criterio y las bases que conforman una editorial independiente. Hoy en día en Chile las editoriales pequeñas optan por publicar no más de 3 títulos al año, en la que se realiza una labor exhaustiva por parte del editor/a que, bajo el compromiso que adquiere al recibir la obra, procede de manera conjunta con el escritor a trabajarla con la minuciosidad que merece.

Entonces, ¿vale la pena tener una editorial independiente? Si nos centramos en un mercado capitalista neoliberal claramente la respuesta es no. ¿Quién en su sano juicio invertiría (y perdería de paso) dinero en una obra que con no más de 200 copias saldrá a venderse? Nadie. Sin embargo, detengámonos un poco. Publicar es un acto cultural, es un arte expuesto de manera casi desinteresada en manos de los lectores, que tristemente caen en este limbo en donde las ventas no son grandes, pero deja la satisfacción en los editores de que, al menos, a través de sus libros están evidenciando la línea editorial que han elegido como una peregrinación en este camino tortuoso cultural, sobre todo en Chile.

Vámonos entonces al otro extremo y que es uno que se ha tornado como una alternativa «rentable» en este mundo. Me refiero a modelos de negocio «no tradicionales», «de coedición» o que derechamente, mandan a imprimir lo que llegue. Es importante aclarar en este punto en qué consiste la «coedición»: mediante un acuerdo entre la editorial y el escritor, se establece cuánto invertirá el primero en la obra y cuánto tendrá que desembolsar el segundo de su bolsillo. Sin embargo, en algunos casos, la «coedición» queda como una palabra vacía en una página web, puesto que el autor termina pagando por ver su manuscrito impreso. 

Aquí entran mis amigues de la editorial X que, en menos de un día, aprobaron mi manuscrito y adjuntaron un presupuesto no menor para ser parte de «esta nueva forma de ser un aporte en la literatura de género en Chile». No cuesta mucho investigar a fondo el movimiento que tienen este tipo de editoriales. Son (varias) las que mantienen sus redes sociales constantemente actualizadas, y repiten como loros la cantidad de publicaciones que han logrado en poco tiempo, con las que una piensa que el editor/a debe tener unos ocho pares de brazos y ocho cerebros para poder editar de manera tan «pulcra» tanto manuscrito. Se preguntarán: ya que criticas tanto, ¿acaso has leído esos libros? Pues sí, y varios… los resultados te sorprenderán.

Se hace necesario ser crítica de las inversiones realizadas por algunos escritores, pues, como lectora y consumidora de literatura chilena de género, he adquirido varios títulos de diferentes editoriales. ¿Cuál fue la sorpresa? Maravillosa portada, pero con errores gramaticales graves, maquetaciones mal hechas, correcciones nulas y lo peor: historias que, evidentemente, jamás pasaron por las manos de un editor. Aquí es donde me atrevo a preguntar: ¿fue una inversión o un gasto lo que hicieron estos autores?, ¿son conscientes de que el manuscrito tiene estos errores graves?, ¿le toman el peso a lo que se ha publicado de manera paupérrima? Me gustaría creer en la inocencia de las nuevas y jóvenes plumas que, en su alegría y afán por ser leídos, aceptan y firman contratos abusivos con promesas que se cumplen a medias y que tampoco tienen una noción acerca de lo que es, realmente, un trabajo editorial serio. 

Aquí me detengo a hacer una reflexión a nivel literario, y esto es en parte lo que siempre me ha hecho ruido respecto a estas «editoriales». ¿Dónde está la aspiración de dejar una huella en la literatura en Chile? Y esta pregunta va dirigida tanto a editores como escritores: ¿qué huella quieres dejar en la literatura? Para algunos estas preguntas no tienen sentido alguno, pero para mí como defensora y crítica de la literatura es importante, en especial cuando se trata de los tres géneros más vilipendiados (fantasía, ciencia ficción y terror). Pareciera ser que, al ser géneros tomados «muy poco en cuenta» merecen ser víctimas de una suerte de abandono o descuido editorial «porque nadie lee ese tipo de literatura, menos chilena».

Las mejores obras las he encontrado en editoriales que publican pocos libros al año y basta con leer un par de páginas para percibir el compromiso con sus escritores y sus novelas. Pero estas se ven sepultadas entre el cerro de libros que salen a granel, como si se tratara de una competencia por quién publica más en el año. ¿Compiten contra alguien? ¿O es el ego desmedido haciendo de las suyas? Editores, ¿realmente quieren ser un aporte a la literatura de género en Chile? Hasta el momento y por la cantidad de novelas leídas procedentes de aquellas editoriales, solo he encontrado dos (entre más de 50 títulos anuales) que destacan por la coherencia que tiene la historia, contiene un mensaje y se vislumbra una buena estructura literaria pero que aún así, faltó la revisión de un editor crítico y constructivo, ese que realmente quiere que la obra respire y tenga sus tiempos. Con esto último me refiero a que para que una obra goce de cierto posicionamiento tiene que ser expuesta como si fuera una exclusiva por algunos meses, de esta forma se le da el tiempo necesario para que sea conocida.

¿Entonces si pagas a una de estas editoriales de coedición, tendrás mejores opciones? Sí, pero no. Sí, porque cuando llegas con un monto considerable de dinero y un manuscrito bajo tu brazo, cualquier propuesta es aceptable. Y no, porque en el territorio de la literatura ningún éxito está asegurado, estás un poco “a la suerte de la olla” respecto de la recepción que tu obra tendrá en el mercado. Con este último comentario, mi afán no es lanzar a un rincón de la vergüenza a las editoriales que ofrecen este tipo de «servicio». Pero creo que es en este punto en donde empieza a aparecer una línea que separa una editorial de una «imprenta que presta servicios editoriales». ¿En dónde está la diferencia? Pues que la primera se encarga de editar tu texto y pulirlo, presentar propuestas y cambios para potenciar algunos puntos del manuscrito, es decir, un trabajo arduo entre editor y escritor, donde el dinero sea realmente invertido. En la segunda solo leen tu manuscrito, aplican correcciones ortotipográficas, dan el visto bueno y publican. Total, para eso gastaste. Incluso se podría considerar la rapidez con la que se publican estas obras como una ventaja, pues en las que editoriales que siguen un proceso tradicional, puede tomar años.

Si el deseo de publicar es más fuerte y tienes los recursos, por supuesto que estas editoriales son una opción. Pero antes les invito a averiguar bien la cantidad de títulos que se publican al año, leer comprensivamente los contratos y exigir a cabalidad lo que se ha firmado. Así como reclamas por un producto dañado a la multitienda de turno, también debes hacerlo a tu «editorial», si alguna de las cláusulas del contrato no se ha cumplido. Ellos no te están haciendo un favor, tú se lo haces a ellos al decidir invertir/gastar en su editorial. Sé sabio/a, empodérate, enfría la cabeza y toma la mejor decisión.

Para finalizar, me gustaría enfatizar en la urgencia de realizar un trabajo editorial de calidad, en especial en los tres géneros (ciencia ficción, fantasía y terror) que es donde he elegido permanecer y desde donde he alzado mi voz a nombre de mis colegas escritoras. Urge la necesidad de entregar novelas que no solo cumplan con la función de entretener, sino que contengan historias que lleguen más allá, que posean múltiples interpretaciones, que, tras su final, inviten a reflexionar.

De esta misma forma, se hace necesario el dejar de vanagloriar editoriales de coedición que no cumplen con los requisitos mínimos (ortografía, buena maquetación, redacción, coherencia) a la hora de publicar. Pues una vez entregada la obra, pasas a ser parte de un sello que posee una reputación ya formada (a veces para bien, otras para mal). Asimismo, los/as escritores/as deben ser críticos, no tan solo con su trabajo, sino que también cuestionen lo que buscan con sus historias, que sean meticulosos a la hora de enviar propuestas, que su valor agregado sea la dedicación que se le dio al manuscrito. 

Por último, quiero dejar claro que más allá del modelo que se elija para publicar (esto es libre albedrío, señores) es importante ser reflexivos, ya que la literatura no es un accesorio de moda o un producto de bajo costo. La literatura trasciende, deja huella, marca generaciones y también se imprime en ella la realidad en la que estamos sumergidos. Los invito a cuestionarse siempre: ¿Es esta la huella que quiero dejar en la literatura cuando no esté?

Recuerda, no todo lo que brilla es oro.


Compartir esta publicación



← Publicación más antigua Publicación más reciente →


0 comentarios

Dejar un comentario

Por favor, tenga en cuenta que los comentarios deben ser aprobados antes de ser publicados