"En la era digital: ¿el oficio de escribir debe ser transmedia?" por Pamela Rojas

Publicado por Tríada Ediciones en

Sin duda, Internet y las redes sociales han cambiado las formas en que la sociedad se relaciona y consume. Ya lo mencioné en un artículo anterior: Internet es un instrumento valioso para poner a disposición de la comunidad las creaciones de todes. Con un par de clics en la plataforma correcta, se genera la posibilidad de ser leídos. Personas comunes y corrientes se viralizan y, de pronto, son rostros conocidos, tienen la voz que otres no tienen y su contenido comienza a ser compartido por una cantidad no menor de lectores. ¿Cuántes creadores han sido descubriertes en la vasta Internet? ¿Cuántes otres sueñan con tener una experiencia similar? 

La era digital también ha cambiado la forma de interactuar con el contenido elaborado por la diversidad de creadoras y creadores existentes. Ya no solo se recurre al libro físico publicado por una editorial de manera tradicional, sino también a los audiolibros, la autopublicación y, obviamente, a plataformas como Wattpad, Tapas, Booknet, Storytel, Lektu, Inkspired, etc., que albergan una no menor cantidad de publicaciones para todos los gustos. Son tantas que les lectores buscan las alternativas que más les acomodan de acuerdo con sus posibilidades y preferencias. Así, hay personas que prefieren un libro físico antes que uno digital, otras que encuentran su refugio en los audiolibros y otras descubren, en la inmensidad de las plataformas digitales como Wattpad, novelas de personajes entrañables y tramas interesantes. 

Ante estas múltiples opciones, le escritore ya no solo debe pensar en escribir su historia, qué, para qué y para quién escribe. Debe decidir qué hará con la obra una vez que termine de escribirla. ¿La guardará en un cajón y solo la sacará para compartirla con sus más cercanos? ¿Buscará una editorial tradicional cuyos lineamientos concuerden con sus ideales y se armará de paciencia, entendiendo que esta vía es un proceso largo y no siempre exitoso? ¿Empezará la travesía de la autopublicación buscando imprimirla en físico a como dé lugar o solo será digital? En caso de publicarla, independiente de la vía, ¿cómo la dará a conocer a sus lectores? ¿cómo llegará a elles? ¿a qué estrategias del mercado recurrirá?

En su libro Narrativas transmedia. Cuando todos los medios cuentan, Scolari (2013) define a las narrativas transmedias como «un tipo de relato donde la historia se despliega a través de múltiples medios y plataformas de comunicación, y en el cual una parte de los consumidores asume un rol activo en ese proceso de expansión». Elabora su definición a partir de lo señalado por diversos autores, y en particular, por Henry Jenkins, quien ha centrado sus investigaciones en los medios de comunicación y postula que existen siete principios fundamentales de estas narrativas:

  • Expansión y profundidad, que apunta a las prácticas virales en redes sociales para expandir una narrativa y la manera en que este contenido encuentra un nicho apropiado, es decir, los seguidores que serán más fieles a la obra y se encargarán de difundirla; 
  • la continuidad y multiplicidad, es decir, las obras necesitan tener una continuidad a través de diversos medios, complementarse entre sí; 
  • inmersión y extrabilidad, que se refiere a la manera en que el mundo narrativo atrapa al lector, usuario, consumidor, de tal modo que consume la obra de distintas maneras (cine, videojuegos, gadgets, merchandising).
  • Worldbuilding, es decir, estas narrativas proponen un mundo, sistema solar o universo con sus propias reglas, pero verosímil, en el cual los consumidores se ven obligados a suspender la incredulidad. El tan amado y, al mismo tiempo, odiado worldbuilding permite contar con espacio suficiente para instalar nuevos personajes, nuevas historias y nuevos conflictos, de manera tal, que se puede seguir explotando, ya sea por sus propios creadores o por les lectores y consumidores.
  • Serialidad, recogiendo la tradición de la industria cultural del siglo XIX, en la cual las obras se publicaban con cierta periodicidad, dejando expectantes a les lectores. Por ejemplo, las nuevas plataformas digitales, como Wattpad, permiten que les escritores repliquen ese antiguo modelo.   
  • Subjetividad múltiple, es decir, una narración en la que se cruzan diferentes miradas, perspectivas y también voces, sobre los acontecimientos. Por ejemplo, los capítulos intercalados desde la mirada de uno u otro personaje. 
  • Realización o performance, que corresponde a la interacción de sus consumidores. Les seguidores o fans de les autores son fundamentales, pues cumplen un rol evangelizador, dan a conocer la obra y pueden llegar a convertirse, incluso, en prosumidores: consumidores y productores (realizan fanfic, fanart, contenido multimedia, hilos en Twitter analizando la obra o realizando teorías, etc.)

Ejemplos de narrativas transmedias pueden ser Star Wars, Harry Potter, El mago de Oz o, el más reciente y exitoso: el MCU, o universo cinematográfico de Marvel, en el cual todas sus series, películas, cómic, se relacionan entre sí, pero dejando vacíos que los mismos fans se encargan de explorar y completar. Las nuevas generaciones de consumidores de productos culturales tienden a buscar diferentes medios y plataformas para disfrutar del contenido. Por ello, Scolari también afirma que «la mejor estrategia transmedia consiste en escuchar a las audiencias y ofrecerles diferentes tipos de contenidos textuales pensados tanto para el fan del producto como para el consumidor ocasional».

Por lo tanto, me pregunto si en la era digital: ¿el oficio de escribir debe ser necesariamente transmedia? Creo que no o, al menos, no un mandato, sino una libre elección de le escritore, pues a veces queda la sensación de que no importa lo que se haga, nunca, nunca será suficiente. No bastará con revelar la portada, el título de la obra y su sinopsis. 

Frente a tantos estímulos transmediales, conscientes o no de las lógicas actuales del mercado, algunes crean sus universos narrativos con todo el detalle posible (pensando en sus tradiciones, mitos, formas de vestir, lenguas, culturas, etc.), luego se elaboran cuidadas fichas de personajes con datos ya no solo útiles para la trama, sino para dotarlos de mayor personalidad. Cuando todas las piezas están listas, hay que contar la historia, ojalá desde diferentes perspectivas y dejar vacíos, insinuar algunas cosas, dejar abiertas posibilidades, todo para que ese futuro lector-fan se entusiasme y tenga recursos para explorar a su manera la obra. Pero, para que eso ocurra, la obra debe darse a conocer.

Somos bombardeadas a diario con campañas publicitarias de todo tipo, por lo que tenemos hasta cierto punto interiorizadas algunas estrategias y muches autores buscan replicarlas, pues a otres ya les generó éxito. Se comisionan ilustraciones que reflejen a los personajes o alguna escena memorable —a veces, también hay faraonas intergalácticas que, además de escribir sus historias, las ilustran—, aesthetic de cada personaje o lugar de la obra, booktrailers, hilos de Twitter o Stories que revelan algunos aspectos de la trama, inspiraciones, la playlist para acompañar la lectura, escenas que se descartaron (pero que tienen un no sé qué que puede fascinar a un lector), etc. Se crean crowdfunding para diferentes proyectos ligados a la obra (un manual de juego de rol, un juego de tablero, la serie animada, la segunda parte de la saga, etc.). 

Si las narrativas transmediales se transformaran en una regla implícita entre escritores y lectores actuales, y si la obra no llega lo suficientemente lejos, pueden surgir inseguridades, en la que una molesta vocecita interna machaque culpando de no hacer la promoción necesaria en las redes, de no crear contenido atractivo para la audiencia, etc. ¿Lo anterior significa que debemos alejarnos de pensar en transmedia? No, no se trata de eso. Se trata de dar cuenta de que hoy no hay solo una forma de relacionarse con la obra y ninguna es más o menos válida que la otra. Simplemente existen y los medios utilizados dependerán de nuestros propios objetivos como creadoras y nuestras propias capacidades, aceptando que no siempre se puede ser escritore, equipo de diseño, de marketing, relaciones públicas, a la vez y que si un proyecto es monomediático está bien. 

No perdamos de vista el foco nunca: la historia que queremos contar. Scolari dice al respecto y adhiero completamente a sus palabras: «Nunca debemos olvidar que la primacía es siempre de la narrativa. Si la narrativa es mala, por más que sumemos contenidos, medios y plataformas, la narrativa seguirá siendo mala».


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