"Describe tu aldea" por Nahibya

Publicado por Tríada Ediciones en

Tolstoi decía que solo describiendo tu aldea te harías universal. 

¿Quién no se ha visto a sí mismo paseando por los campos del norte de Italia por culpa de André Aciman o por las calles de la cosmopolita París de Patricia Engel?, deseando vivir las experiencias que nos narran, como si solo en esos lugares existiesen las aventuras, las locuras del amor o el abrumador existencialismo. 

Contrario a lo que se podría pensar, estos parajes no solo los podemos encontrar en las novelas de narrativa realista como las de Jane Austen o Victor Hugo, sino también en fantasía o ciencia ficción. Sin irnos más atrás en el tiempo, recordemos la novela juvenil “Crepúsculo”, que hizo relucir al poblado de Portland en Oregon, Estados Unidos, o los tantos libros de ciencia ficción situados en el primer mundo. 

¿Tenemos estos ejemplos en Latinoamérica?

Sí, pero contados con los dedos de nuestras manos. 

La literatura latinoamericana se ha hecho famosa en el mundo con grandes autores como Gabriel García Márquez o Isabel Allende, los que han sido traducidos a decenas de idiomas. ¿Por qué? Porque han seguido la regla de Tolstoi, han escrito de sus tradiciones, de sus pueblos y han logrado ser universales. El problema lo encontramos en la fantasía o en la ciencia ficción, subgéneros completamente infravalorados por estos lares. 

Por un lado, como licenciada en Historia, amo nuestras raíces y conozco las de otros pueblos, pero como lectora asidua de ficción solo he encontrado las de estos otros plasmada y no las nuestras; nunca me había importado tanto hasta que en el 2020 me topé con varios libros chilenos de fantasía que hacían un terrible intento de parecerse a autores como Abercrombie o Tolkien, como si hubiese una ley universal que dijera que en este género las historias solo podían situarse en la Edad Media, con caballeros rescatando mujeres a punto de ser abusadas. 

Por suerte, luego de esos terribles libros me encontré con una joya publicada por esta misma editorial, “Afrodita no pinta al amanecer” de Jorge Román, libro en el cual la narrativa de ciencia ficción de ginoides utilizadas para entregar placer sexual se enmarca en un contexto chileno, no solo en el país sino en sus tradiciones más íntimas, desde menciones a la comida, al sur de Chile, a sus haciendas y su posición de exportadores de materias primas, hasta sus problemas con la inmigración haitiana y la horrible brecha en las clases sociales. Esta novela mezcla un futuro distópico con la sociedad patronal pre revolución agraria del siglo XX; si cambiamos unos detalles, podríamos hablar perfectamente de una ucronía. 

Aquella novela rescató mis esperanzas de encontrar historias de no ficción que siguieran la regla de Tolstoi. Leer sobre las calles que conozco, sobre la comida que como y las fiestas que celebro… que lo mío sea universal. 

En mis redes sociales pedí ayuda a los demás lectores para que me recomendaran libros que cumplieran con estas características o me comentaran qué pensaban, si solo yo tenía esta incomodidad. Aquí algunos comentarios seleccionados:

@Lluramolina “Odio cualquier libro hecho en Latinoamérica que de alguna forma no lo refleje, siento que es como pensar que lo nuestro no es suficiente y que debemos irnos a buscar afuera”.

@alex_ryder_grant “Pienso que va por el lado que la gente consume más literatura con culturas gringas, pero si más autores se atrevieran a plasmar nuestra mitología, por ejemplo, tampoco estaría mal… en Chile hay material de sobra, lo ideal sería que no marvelicen a la Pincoya o las Machis, tampoco que transformen al Trauco en Hulk… muero de risa porque se me acaba de ocurrir a un tue tue draculestrado… horror!”.

@lecteurgeek “Por eso creo que es importante ser críticas con nuestras lecturas. Si subimos estándares las editoriales tendrán que tomarlo en cuenta”.

@picabry “Creo que lo importante es lograr que las personas vean que están poniendo demasiadas restricciones a su creatividad, quién sabe qué ideas geniales se les pueden ocurrir si se apartan un poco de la fantasía medieval (…) me gusta la idea de que tengamos fantasía o ciencia ficción que se distinga que es de nuestro país. Una sensación como la que dan los animé, pero para Chile”.

Siguiendo la línea de aquellos comentarios comencé a pensar en qué, de todo lo que había leído, se ceñía a lo que estábamos pidiendo y recordé una novela que había leído hace muchos años: “Ascensión Blanco” de J. Y. Zafira F. La historia también es de ciencia ficción y habla de una invasión alienígena en el 2003 que 200 años después tiene a todo Chile sumido como esclavo de una sociedad aparentemente superior. También pensé en “El fin de las flores” de M. L. Sandoval, que si bien narra una fantasía con nombres y lugares ficticios, está claramente inspirada en los cerros de Talcahuano y abarca los temas de abuso sexual en la Iglesia que han aparecido en nuestras noticias locales; o “Calíope” de José Luis Flores, que es una amalgama de seres fantasiosos en un Santiago underground

Entre todos los comentarios, @Kamikaze.92 me recomendó “La Saga de los Confines” de la autora argentina Liliana Bodoc. Dijo: “Los lugares, las razas, los nombres de cada ser estaban relacionadas con las lenguajes (SIC) mapuche y quechua, entre otras, y el mapa de ese mundo es como América del Sur (…) La Saga de los Confines es una alegoría a la invasión en América y la fantasía en la que está inserta simplemente enamora”, días después puedo decir que el primer libro de la saga viene viajando y lo discutiremos en mi Club de Lectura de Autorxs Latinoaméricanxs para el mes de febrero. 

La conclusión es que en Chile sí se quiere leer de Chile. 

Queremos fantasía, queremos ciencia ficción, pero que nos represente, que hable de nuestras etnias, de nuestras leyendas tan perdidas en el ajetreo de la vida en la ciudad. 

Los lectores chilenos son inteligentes, por eso, les autores deben serlo aún más. 

Necesitamos que nos alimenten con buenas historias, pero que se quiten la idea de que escribiendo de Estados Unidos o Europa van a encantarnos. Yo quiero leer de un lugar donde pueda ir de vacaciones y pisar el mismo suelo que mis personajes favoritos cuando se enfrentaban en la batalla que definiría sus vidas.

Porque la literatura define la mía. 

Nahibya.


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