"CF en Chile: más viva que nunca" por Fernando Aravena

Publicado por Tríada Ediciones en

El investigador francés Remi Maure, en uno de sus escritos, dijo sin vergüenza alguna que la Ciencia Ficción (CF) chilena había nacido en 1959 y muerto alrededor de los setentas, refiriéndose a sus más grandes exponentes, Hugo Correa y María Elena Aldunate, pero según mi opinión la CF chilena es una corriente literaria tan viva como otras, y ha evolucionado hasta nuestros días. Sin embargo, escribir CF en y desde Chile no es tarea fácil, pues se le considera un género menor en comparación con otros y fue en algún minuto vista como una anécdota literaria o literatura popular, de nicho. Dentro de esta anécdota, no obstante, se destacan obras de calidad similar e incluso superior a lo que la literatura en nuestro país considera canon. 

¿Cómo y desde cuándo se escribe CF en Chile? Desde fines del s. XIX con obras como Desde Júpiter de Francisco Miralles, donde el autor narra la hipnosis a la que es sometido su protagonista, la que lo conduce por una travesía al quinto planeta, cuya sociedad se muestra en extremo avanzada para la época, y de paso critica el retraso social y tecnológico en Chile, pues la CF desde sus inicios ha sido una fuente de denuncia por una vía que otros géneros son incapaces de seguir.

Más tarde, escritores de la talla de Juan Emar y Luis Enrique Délano, entre otros, esbozaron lo que a mediados del s. XX, en 1951, en plena Guerra Fría, un columnista de El Mercurio publica en su primera novela Los Altísimos. Hugo Correa escribe la obra cumbre de la CF chilena, una que no fue bien recibida por la crítica literaria de ese entonces, la que ni siquiera quiso mencionarla en la prensa. Correa construye una distopía que critica a las sociedades totalitarias, con un alto grado tecnológico y donde todo está controlado por Los Altísimos, quienes gobiernan autocráticamente. Una singular propuesta (hablamos de supersocialismo) en una era donde predominaba una admiración por la sociedad soviética como un modelo de sociedad más justa a seguir, lo que probablemente le jugó en contra. No obstante, a pesar de la indiferencia inicial, es ampliada y corregida en 1959, imponiéndose catorce años después de la primera publicación, editada por la EUV, corregida nuevamente y traducida a diez idiomas, lo que provocó que su autor fuera elevado al nivel de Bradbury, Asimov, entre otros, y considerado como el padre de la Ciencia Ficción chilena, pues su trabajo traspasó por lejos nuestras fronteras y dejó atrás a sus contemporáneos. Sus cuentos son publicados en revistas clásicas como The Magazine of Fantasy & Science Fiction y Nueva Dimensión.

Además, existe entre los fanáticos de la ciencia ficción la teoría de que uno de ellos, Los Títeres de 1969, sirvió de base para el guión de la película The Surrogates (2009), basada en el cómic del mismo nombre. 

La CF en el Chile de los 50’s no tuvo prácticamente difusión y en los 60’s, con la agitación política, escribir sobre mundos alternos no fue bien visto, había que enfocarse en la realidad de una sociedad que reclamaba cambios, políticos y sociales, que necesitaban ser mostrados por los intelectuales de la época. Parte de esos cambios fueron expuestos en la escena local literaria por María Elena Aldunate, quien durante esos años irrumpe de lleno en la CF. Considerada parte de la Generación del 50 que va dejando atrás el criollismo, trae a escena un realismo muy propio de la sociedad de entonces, y su obra ya consolidada y respetada da un giro cuando, desde una óptica feminista, escribe CF y se convierte en una de las autoras más prolíficas de nuestro país en el género. Su trabajo es admirado por algunos como el más importante en la CF chilena, pues su visión es una respuesta lúcida, elegante y profunda a lo escrito por sus pares varones. Su novela Del cosmos las quieren vírgenes de 1977, es de tal profundidad que va más allá del descubrimiento de lo femenino y su rol preponderante en la sociedad, elaborando una sublime obra que además crea un nexo entre lo interno y externo de manera sorprendente. La novela nos muestra a mujeres visitadas por extraterrestres, encargadas de dar a luz mejores hombres para mejorar el mundo.  Es considerada la Dama de la Ciencia ficción chilena.

Con la llegada de la Dictadura, todo movimiento cultural es perseguido, se queman libros y la pesadilla de Farenheit 451 de Bradbury se vuelve realidad, el 1984 de Orwell lo vivimos en carne propia y la literatura que no es afín al régimen es silenciada. Pero hay voces que aún resisten y es través de fanzines e imprentas clandestinas que algunos logran imprimir sus cuentos, pasándose de mano en mano. Lamentablemente no queda registro de ello, salvo a finales de los años 80’s, cuando se publican obras como Trauko y Bandido, que en formato de comic toman, difunden e impulsan a jóvenes autores chilenos y extranjeros consagrados, aliviando la sed por lo desconocido y las ganas de escribir de muchos.

Durante los noventa, con la recuperación de la democracia, las pocas editoriales independientes que aparecen, empiezan a publicar trabajos de autores nacionales dedicados al género. Entre ellos destacan Puerta de Escape (1991) de Claudio Jaque, obra en que el autor relata a través de sus cuentos, muy diversos entre sí, los caminos por mundos tan distintos que sus personajes recorren, pero que en el fondo  grafican lo vivido en dictadura y cómo escapar de ellos. También es destacable Flores para un Cyborg (1996) de Diego Muñoz Valenzuela, una obra durísima en cuanto a lo político, que hace una crítica feroz al modelo posdictadura en Chile, donde los torturadores han devenido en hombres de negocios y en el que además el narcotráfico es quien rige los destinos del país al que el protagonista ha vuelto luego del exilio. Delirante combinación entre CF y novela negra que nos permite mirar nuestra sociedad desde una verdad no oficial. 

Autores como Patricio Manns, con su obra De repente los lugares desaparecen (1993) o Darío Oses con 2010: Chile en llamas (1998) abrieron paso a escritores en el nuevo siglo donde existe un notorio auge por la escritura de género en Chile.

Desde entonces surgen voces potentes apoyadas por editoriales independientes y guiadas por escritores jóvenes que han sido capaces de airear e impulsar una nueva forma de escribir este género, donde las mujeres han sido las protagonistas con obras inquietantes como Futuro Imperfecto (2014) de Alicia Fenieux, relatos que nos llevan a una sociedad distópica, donde la nostalgia por lo perdido es patente, o Almaaz, Del pasado al legado (2017) de Carime Jackson, una obra  con detalles técnicos que mantienen la atención del lector en una novela que se deja llevar por un romance que quizás sea la perdición de la protagonista. Ambas escritoras son una pequeña muestra de talento.

A mi juicio, las obras mencionadas abren un futuro auspicioso para el género en Chile y autores tan prolíficos como Sergio Alejandro Amira, Armando Rosselot, Fabián Cortez, Yamila Huerta o Michel Deb nos entregan una CF desde una visión chilena, con tópicos que van desde la Space Opera de aventuras espaciales, la ecoficción, CF dura, poesía, hasta los temores del ser humano al encontrarse en la vastedad de un universo frío e inhóspito lleno de terrores, diversificando y enriqueciendo la visión europea o norteamericana, originales y de calidad. 

Aunque en un principio la CF no tuviera identidad propiamente chilena, ya que los protagonistas de algunos relatos eran simples copias de la CF norteamericana, su evolución hacia tópicos más relacionados con nuestra cultura la está llevando a liderar en la cantidad de publicaciones, pues actualmente hay siete editoriales publicando y sólo en el 2020 cada una publicó al menos cinco títulos, lo que echa por tierra lo que Remi-Maure planteaba, y eso solo nos indica una potente señal de la vitalidad del género.


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